Tazas de café hechas con chicle

Tazas de café hechas con chicle

Metemos la mano en el bolsillo, sacamos un paquete de chicles, desenvolvemos uno y nos lo metemos en la boca. Seguimos mascando y al cabo de un rato, ya sin sabor y medio duro, escupimos el chicle al suelo.

Este último pequeño gesto individual  cuesta mucho dinero público. Este chicle tirado al suelo, cuesta de limpiar 2 o 3 veces su precio de comprar, o si no es limpiado, tarda 5 años en desaparecer. Al cabo del día son miles de chicles tirados al suelo y miles de euros que cuesta de limpiar a los Ayuntamientos de cada población.

En Neteges Escobar estamos acostumbrados a realizar servicios para Ayuntamientos, particulares y empresas para limpiar zonas donde se han pegado chicles, ya sean paredes o suelos. Lo hacemos con la máxima eficacia y utilizando las mejores herramientas para su total y rápida solución.

Pero en este servicio de limpieza de chicles nos ha salido un competidor que miramos con admiración, se llama Anna Bullus. Esta mujer vive en Londres y se propuso dar un segundo uso a los chicles usados y evitar que la gente los tirara al suelo.

Tengamos en cuenta que solo en Londres el coste de limpieza de chicles tirados al suelo para su Ayuntamiento es de 170 millones de euros.

En un primer momento, se dedicó a rascar los chicles tirados al suelo, guardarlos y fabricar papeleras con forma de burbuja de chicle y color rosa chillón para situarlos en la calle para que la gente pudiera depositar ahí su goma de mascar.

Una papelera hecha con el mismo producto que se deshecha. ¡GENIAL!

Poco a poco, se dio cuenta que ese mismo material podía utilizarse para realizar otro tipo de productos, como por ejemplo zapatos o tazas.

Esta iniciativa fue adaptada por universidades y estaciones de tren con agrado, que incluso fue fomentada con regalos fabricados con chicles. Quien utilizaba estas nuevas papeleras, era obsequiado, por ejemplo, con un vaso de café hecho con este “nuevo” material. La iniciativa fue un éxito.

Anna ha sabido evolucionar y ahora vende sus productos fabricados con un mínimo de 20% de chicle y el resto con otros materiales reciclados.

Más allá de nuestros servicios de limpieza de suelos con chicles pegados o iniciativas como la de Anna Bullus, todos debemos ser conscientes de las consecuencias de nuestros pequeños actos para nuestro bolsillo i el medio ambiente. Cuesta muy poco acercarse a una papelera, enrollar el chicle en un papel y tirarlo donde se debe. Un gesto de 1 minuto puede evitar millones de euros públicos o 5 años de calles sucias por un simple chicle.

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